La ciudad de Petra parecía un nido de águilas, ya que se encontraba entre los riscos de montes inaccesibles(Abdias 4), se debía bajar por un desfiladero de casi dos kilómetros, en cuyos lados se levantabas muros de hasta 200 metros. Es así que la ciudad podía resistir cualquier invasión. Se dice que se caracterizaba por la gran cantidad de templos.
Petra, la ciudad rosa del desierto jordano, es conocida, sobre todo, por el
bello color de sus piedras. A menudo se olvida su importancia histórica, como
sede de los edomitas , enemigos de Israel en el Antiguo Testamento y más tarde
de los nabateos, pueblo nómada árabe de excelentes comerciantes, intermediarios
entre el Próximo Oriente y Occidente.
Sólo el pueblo romano, en el siglo 11 d.C. cambió la suerte de Petra, que
permaneció olvidada durante diez y siete siglos.
En los últimos tiempos, el esfuerzo de los viajeros y arqueólogos ha permitido
conocer quienes eran sus habitantes, donde vivían, qué pensaban y cuales eran
sus dioses. Después de ser despojados del monte Seir por Esaú (Edom), fueron en
parte destruidos (Deut 2, 22) y en parte absorbidos (Gen 36) por los
descendientes del mismo, los edomitas o idumeos, «hijos de Esaú», quienes a
pesar de su parentesco con los israelitas (su lengua también era afín a la
hebrea), no les permitieron atravesar sus tierras durante su éxodo por el
desierto (Núm. 20, 14-21) en busca de la tierra prometida, con lo que quedó
establecido entre ambos pueblos un antagonismo que se prolongó hasta la Era
Cristiana.
Fueron conquistados por Saúl, subyugados por David y sujetos a Judá hasta el reinado de Jorám. De nuevo conquistados por Amasias y Uzias, consiguieron su independencia bajo Ajaz y dominaron en el sur de Palestina a la caída de Judá. Hacia el año 300 a.C., los nabateos conquistaron el este de Edom y expulsaron a sus habitantes hacia el oeste y el norte y tuvieron que soportar el empuje de los príncipes Macabeos que guerrearon después con fortuna con ellos.
Sus principales ciudades fueron Sela (tal vez Petra), Bostra, Maon, Punon y los
puertos de Elath y Ezion Geber, en el Mar Rojo. Su modelo de monarquía, la misma
que tenían los países vecinos de Moab, Amón y Aram, que poseían un fuerte
fundamento nacional, sin sucesión dinástica, fue seguido por Israel, aunque
nunca se pudo superar la corriente de la actual monarquía jordana (12).
Salomón reforzó su empresa en Edom fundando el puerto de Ezion-Geber, desde
donde lanzó su flota hacia el comercio del Mar Rojo. Aprovechándose de la
debilidad israelita a la muerte de Salomón, los Edomitas recobraron su
independencia, lo que no pudieron impedir los reyes de Judá, Amasias (796-781) y
Azarías (781-740).
Dos características sobresalían en EDom: El orgullo y la crueldad.
Orgullo por su posición ya que desde su alta fortaleza los edomitas hacían excursiones predatorias a los países vecinos. Luego la ciudad de Teman era considerado uno de los centros de Sabiduría de esa época (Abdias 3-6: 8-9)
Crueldadya que su odio hacia Israel proviene desde sus enfrentamientos entre
Jacoob y Esau, ambos patriarcas de respectivos pueblos. Antes se menciono la
enemistad y durante la ciada de Jerusalén, estos fraticidas, participaron
activamente durante la destrucción ocasionado por Babilonia. Luego las orifesias
en los vers. 2,4,6-10, muestran como cuatro años después EDOM es invadida y
asolada por los mismos Babilónicos, antes quizás aliados de ellos.
Aprovechándose de la toma de Jerusalén por los asirios (587 a.C.), para ocupar
el sur de Judá, los edomitas se ganaron el odio eterno de los judíos y los
profetas Isaías, (Isaías 34), Jeremías (49, 7-22), Ezequiel en sus «oráculos
contra las naciones» (25, 12-14), Abdias, en su visión sobre DOM y Malaquías(
1, 3-3), alzaron sus voces con la maldición de Yhavé contra EDOM.
En 1840, Henrv Layard, el descubridor de Nínive, se refería a esta ciudad
diciendo que lo que más sorprendía de Petra (algo con lo que coinciden todos los
arqueólogos y viajeros que la visitan), es el inmenso trabajo de excavación,
realizado en el flanco de la montaña, para construir esas fachadas de edificios
inmensos, con tan poco fondo en su interior. «Deja estupefacto que un pueblo
haya transformado, con grandes esfuerzos la roca viva en templos, teatros,
edificios públicos y privados, construyendo así una ciudad en los confines del
desierto, en una región inhóspita y sin agua».
Fundamento arqueológico extraído de:

ICE Ciudadela Norte