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“Lo Sofisticado de La Sencillez”

Por: Carlos Velásquez

             Recuerdo que cuando era vendedor de una compañía de productos alimenticios, se me enseñó una política a seguir para la colocación de la mercadería en tiendas y supermercados.        
            
Básicamente, era la de poner los productos que necesitaran mayor promoción al alcance d
e la vista del público consumidor, para que este no los tuviera que buscar; mientras que los que sabíamos que de por sí se vendían por su calidad o popularidad, se podían poner en cualquiera de los estantes, sin importar si se colocaban muy altos o bajos.

            Desde luego, esa política no era pensando en el bien del consumidor, sino en el de la compañía.  De allí que el consumidor ha aprendido que lo que le ponen enfrente no necesariamente es lo mejor, sino que hay que buscarlo.

            Tristemente, debido a que esa es la mentalidad a la que estamos acostumbrados en la vida, cuando buscamos el alimento espiritual de la Palabra de Dios, en lugar de tomar la sencillez de las Escrituras que están a nuestro alcance, las descartamos en busca de “productos más populares y de más calidad...”

            A esto me refiero con el título “LO SOFISTICADO DE LA SENCILLEZ”.  Dios no esta tratando de “vendernos” un producto nuevo o menos importante al poner a nuestro alcance lo mejor que El tiene para nuestro bienestar.  Por lo tanto, al pararnos “frente al estante de las Escrituras”, lo primero que vemos es aquello que está a la altura de nuestro ojos, y son aquellas cosas que Dios considera como prioridad y de mayor valor.  Pero una mente no renovada, entrenada por este siglo, desechará la sencillez y empezará a buscar lo más “sofisticado”, las llamadas “profundidades de la doctrina”.

            Consideremos como ejemplo la oración de Jesús en Juan 17.  En los primeros versículos Jesús se dirige al Padre y habla de lo que El tiene por delante, y de lo que ha logrado enseñar a sus discípulos; luego en el versículo 9 empieza a hacer una petición, la cual explica, expande y aclara en los siguientes versículos, concluyéndola en el verso 21.  Es el momento en que Jesús se está preparando para partir de la tierra y volver al Padre.  Su petición es por la “unidad de los cristianos”, Su petición más apremiante, Su doctrina más sofisticada, Su revelación más profunda...  ¡LA UNIDAD! Esa es la mercadería que salta a la vista.

  Para que todos sean uno, así como tú, oh Padre, en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.  Yo les he dado la Gloria que tú me has dado, para que sean uno, así como también nosotros somos uno.  Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente unidos; para que el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado, como también a mí me has amado...”

Juan 17:21-23.

            Nótese lo profundo y sofisticado de aceptar la sencillez de esas palabras.  El primer “PARA QUE” señala como meta o propósito de todo lo dicho en los versículos anteriores, “que todos sean uno”. 

            El segundo “PARA QUE” expande el concepto al decir que el resultado de esa unidad será “que el mundo crea. 

            El tercer “PARA QUE”  presenta algo sumamente asombroso, habla que la misma GLORIA que el Padre dio a Jesús, ahora es dada a los creyentes.  ¡Esa es una declaración profunda!  Es algo sofisticado, es hablar de las profundidades de la vida espiritual, ¿quién puede  tomar a la ligera la gloria que el Padre dió a Jesús?  Es la misma gloria, dada con el mismo propósito, lograr “la unidad de los creyentes”, y lo vuelve a enfatizar con el cuarto “PARA QUE”, concluyendo que esa unidad es PARA QUE EL MUNDO CONOZCA DEL AMOR DE DIOS.

            Entonces, ¿por qué extrañarse que Dios mire en beneplácito a aquellas congregaciones que valoran más la unidad y la relación entre sus miembros, que cualquier doctrina sofisticada?

            Según es el sacerdote, así es el pueblo.  La relación de amigos en el liderazgo; el pacto y compromiso que los une ¿no debería ser prioridad antes que los diferentes puntos de vista que los separa? ¿No debe ser la unidad, la mejor evidencia del poder reconciliador del evangelio?

            En fin, por qué complicar lo sencillo, por que buscar cosas más espectaculares, cuando se puede impresionar con:

 “lo sofisticado de la sencillez”

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