Recuerdo que cuando era vendedor de una compañía de productos alimenticios, se
me enseñó una política a seguir para la colocación de la mercadería en
tiendas y supermercados.
Básicamente,
era la de poner los productos que necesitaran mayor promoción al alcance d
e
la vista del público consumidor, para que este no los tuviera que buscar;
mientras que los que sabíamos que de por sí se vendían por su calidad o
popularidad, se podían poner en cualquiera de los estantes, sin importar si se
colocaban muy altos o bajos.
Desde luego, esa política no era pensando en el bien del consumidor,
sino en el de la compañía. De allí
que el consumidor ha aprendido que lo que le ponen enfrente no necesariamente es
lo mejor, sino que hay que buscarlo.
Tristemente, debido a que esa es la mentalidad a la que estamos
acostumbrados en la vida, cuando buscamos el alimento espiritual de la Palabra
de Dios, en lugar de tomar la sencillez de las Escrituras que están a nuestro
alcance, las descartamos en busca de “productos
más populares y de más calidad...”
A esto me refiero con el título “LO
SOFISTICADO DE LA SENCILLEZ”. Dios
no esta tratando de “vendernos” un producto nuevo o menos importante al
poner a nuestro alcance lo mejor que El tiene para nuestro bienestar.
Por lo tanto, al pararnos
“frente al estante de las Escrituras”, lo primero que vemos es aquello
que está a la altura de nuestro ojos, y son aquellas cosas que Dios considera
como prioridad y de mayor valor. Pero
una mente no renovada, entrenada por este siglo, desechará la sencillez y
empezará a buscar lo más “sofisticado”, las llamadas “profundidades
de la doctrina”.
Consideremos como ejemplo la oración de Jesús en Juan 17.
En los primeros versículos Jesús se dirige al Padre y habla de lo que
El tiene por delante, y de lo que ha logrado enseñar a sus discípulos; luego
en el versículo 9 empieza a hacer una petición, la cual explica, expande y
aclara en los siguientes versículos, concluyéndola en el verso 21.
Es el momento en que Jesús se está preparando para partir de la tierra
y volver al Padre. Su petición es
por la “unidad de los
cristianos”, Su petición más apremiante, Su doctrina más
sofisticada, Su revelación más profunda...
¡LA UNIDAD! Esa es la mercadería que salta a la vista.
“Para que todos sean uno, así como tú, oh
Padre, en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el
mundo crea que tú me enviaste. Yo
les he dado la Gloria que tú me has dado, para que sean uno, así como también
nosotros somos uno. Yo en ellos y tú
en mí, para que sean perfectamente unidos; para que el mundo conozca que tú me
has enviado y que los has amado, como también a mí me has amado...”
Juan
17:21-23.
Nótese lo profundo y sofisticado de aceptar la sencillez de esas
palabras. El primer “PARA QUE”
señala como meta o propósito de todo lo dicho en los versículos anteriores, “que
todos sean uno”.
El segundo “PARA QUE” expande el concepto al decir que el resultado
de esa unidad será “que
el mundo crea.
El tercer “PARA QUE” presenta
algo sumamente asombroso, habla que la misma GLORIA que el Padre dio a Jesús,
ahora es dada a los creyentes. ¡Esa
es una declaración profunda! Es
algo sofisticado, es hablar de las profundidades de la vida espiritual, ¿quién
puede tomar a la ligera la gloria
que el Padre dió a Jesús? Es la
misma gloria, dada con el mismo propósito, lograr “la unidad de los
creyentes”, y lo vuelve a enfatizar con el cuarto “PARA QUE”, concluyendo
que esa unidad es PARA QUE EL MUNDO
CONOZCA DEL AMOR DE DIOS.
Entonces, ¿por qué extrañarse que Dios mire en beneplácito a aquellas
congregaciones que valoran más la unidad y la relación entre sus miembros, que
cualquier doctrina sofisticada?
Según es el sacerdote, así es el pueblo.
La relación de amigos en el liderazgo; el pacto y compromiso que los une
¿no debería ser prioridad antes que los diferentes puntos de vista que los
separa? ¿No debe ser la unidad,
la mejor evidencia del poder reconciliador del evangelio?
En fin, por qué complicar lo sencillo, por que buscar cosas más
espectaculares, cuando se puede impresionar con:
“lo
sofisticado de la sencillez”